miércoles, 24 de agosto de 2022


El año que no fue.
El año de bocas tapadas, de silencios, de incertidumbres.
El año de abrazos no dados, de necesidad contenida.
De espera, de desencuentros.
De reinventarnos cada día.
Un año donde  muchas veces parecía repetirse el mismo día.
Así había cambiado todo de repente.
Un año de mucho dolor, de familias que no pudieron despedirse...
De gente que no pudo ni levantarse...
De sueños rotos, de llantos y  amargas noches...
Pero también de valiosa gente cuidando nuestra salud y arriesgando la propia... y en otros planos también... todo fue tan necesario... Hubo buena gente ayudando
En este año que no fue, duplicamos esfuerzos, tuvimos que reinventarnos, aprender a sostenernos, aprender a abrazarnos con nuestros propios brazos.
A mirar de lejos a nuestra gente querida y fuimos afortunados los que pudimos hacerlo.
Fue un año de aprender a mirarnos cada uno y en lo personal, de mirar nuestras luces y nuestras sombras.
De enojarnos y de volver a amarnos, de aceptarnos, de ver que todo puede  cambiar en un segundo.
Así de rápido...
El año que no fue nos enseñó a mirar de otra forma, a mirarnos bien adentro, a reconocernos y aceptarnos tal como somos, con nuestros defectos y  nuestras virtudes... a empezar los cambios... hubieron los que crearon maravillas con sus manos, con lo que pudieron, los que tuvieron que contener, que seguir trabajando desde otro ámbito, fabricar espacios de encuentros virtuales.. fabricar, crear, inventar, todo hecho con mucho amor... el año que no fue, floreció más que nunca la naturaleza, brilló en todo su esplendor,  pero también se rebeló y ardió en dolorosas llamas.
2020 me cuesta pensarte.
Pero te agradezco la enseñanza.
2021 bienvenido acá estoy esperándote mucho más fuerte, más afianzada y esperanzada de algo mucho mejor para cada uno de los que habitamos este bendito planeta.
Hoy brindo por los que no pueden brindar.
Hoy brindo por la vida.

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